Saudade

Paseos desde el sofá: Saudade

Han pasado un par de semanas desde mi último paseo en positivo y observo desde mi terraza que, según pasa el tiempo, la situación en el exterior va cambiando poco a poco. Los días son más largos, se aprecia más movimiento de coches y personas, y ya no me despierta el canto de los pájaros, sino los ladridos de los perros de los vecinos cuando les sacan a pasear por la mañana temprano. Esto último me fastidia un poco, pero es síntoma inequívoco de que vamos recuperando la vitalidad en la calle, de que la situación de emergencia sanitaria va mejorando y de que la “Nueva Normalidad” nos acecha a la vuelta de la esquina. Como aperitivo a esta novedosa “Normalidad” nos permiten disfrutar de breves salidas al exterior, para estirar las piernas o para esponjarnos al sol de la mañana o del atardecer. Por supuesto todo ello manteniendo el necesario estado de semilibertad vigilada prescrita por las autoridades sanitarias. 

Este nuevo ánimo pseudopositivo con el que me manejo en el día a día, me sigue invitando a soñar y a proyectar posibles escapadas, bien futuribles o bien oníricas. De momento las oníricas ganan por goleada.

Aprovecho estas líneas para dar públicamente las gracias a Sir David Attenborough y sus trabajos divulgativos en la 2 (ojito a los “Secretos de La Australia Salvaje” de La Otra, que no le quedan a la zaga) por ayudarme a transformar mi mullido sofá del salón en una plataforma de despegue, una especie de “Enterprise”, hacia mi viaje en positivo, que en este caso se dirige hacia mi querido Portugal, concretamente hacia el sur fronterizo.

Según nuestro gran colaborador Google, la palabra “saudade” en español significa anhelo. Y si, yo creo que por ahí van los tiros, que mi mente hace la maleta y empieza a desgranar unas pasadas vacaciones, lugares que visité y lugares que me quedaron por visitar, seleccionando una a una, experiencias, sabores, panorámicas y sentimientos que me acompañan durante la mayor parte de mis acercamientos a este maravilloso país que permite que mis vacaciones se conviertan en algo que considero un verdadero lujo, no por su valor económico, sino por el extraordinario nivel de disfrute que alcanzo.   

El plan es iniciar la ruta hacia el sur por el Alentejo, en paralelo a la frontera con España, en un itinerario para disfrutar de la comida, las vistas despejadas y ese minimalismo tan especial que ofrece el sur alentejano.  

La primera parada es en uno de los lugares más bonitos de Portugal, el pueblo museo medieval de Monsaraz. Está encaramado en lo alto de una colina desde donde quedarse maravillado ante las espectaculares vistas de la inmensa llanura alentejana, el río Guadiana y el imponente embalse de Alqueva, o como algunos dicen, el mayor lago artificial de Europa. En otra ocasión me invitaré a extender el viaje realizando un paseo en barco por el lago o incluso alquilando una casa-barco para disfrutar durante unos días de relax en contacto con la naturaleza, explorando un entorno único y bastante desconocido, que cuenta con playas fluviales donde darse un baño. Me parece un súper plan. Otra vez será, y es que me gusta dejar siempre lugares y sabores pendientes de disfrutar y tener una excusa para volver.

Continuando hacia el sur, no me pierdo por nada del mundo, una parada para almorzar en la cercana Herdade do Esporão (previa reserva, casi imprescindible). Como aclaración diré que una ”Herdade” en el Alentejo  o “Quinta” en el resto de Portugal, es una propiedad rural con diferentes edificaciones, dedicada fundamentalmente  a la explotación agraria. La Herdade do Esporão cuenta con viñedos que nutren su fantástica bodega (se pueden visitar previa reserva), olivos y un restaurante de vanguardia con vistas preciosas y mejor comer, con elaboraciones sofisticadas y muy sorprendentes que uno no hubiera imaginado en este recóndito lugar. Eso sí, quien busque una bodega con restaurante tradicional mejor que no vaya. A mi modesto entender, es una experiencia culinaria de primer nivel sin los precios habituales de restaurantes españoles de este tipo. 

Continúo ruta en dirección sur para encontrarme con la blanquísima ciudad de Serpa,  coronada por un imponente castillo. El queso de su mismo nombre, Serpa, con denominación de origen propia, me está esperando. Este delicioso manjar recuerda al queso de La Serena y es uno de los más afamados de Portugal. 

A unos 60 kilómetros al sur de Serpa, encuentro la villa medieval de Mértola, apenas tocada por el turismo a pesar de contar con castillo y una muralla urbana muy notable, y que junto con Alcoutim, a otros 40 kilómetros más al sur, ofrecen todo el encanto de los pequeños pueblos blancos alentejanos a orillas del río Guadiana. Mértola se ubica dentro del Parque Natural del Valle del Guadiana, y el entorno que le rodea es de una belleza agreste extraordinaria. Paseo al atardecer por sus calles empedradas con vistas al río mientras planeo visitar al día siguiente el cercano salto de agua Pulo do Lobo, que discurre entre las impactantes formaciones geológicas que lo aprisionan. 

 

Además de bonitos paseos, a veces la mente pide un golpe de energía, un plus de acción. Para ello llego a Alcoutim, cruzo el río Guadiana en cualquiera de los botes que cubren el servicio entre Alcoutim (Portugal) y la localidad vecina de Sanlúcar de Guadiana (España) en la otra margen del río y me aventuro a regresar a Alcoutim de una manera diferente: ¡¡¡POR EL AIRE!!! Y es que Sanlúcar de Guadiana cuenta con la primera tirolina transfronteriza del mundo que es además la más larga de España. Nada menos que 720 metros de longitud que se recorren en un descenso de apenas 50 segundos llenos de emoción, una descarga de adrenalina con las mejores vistas. Desde luego es una experiencia única. Nota mental para el último fin de semana del próximo mes de marzo: visitar el Festival del Contrabando que comparten ambas localidades y que durante esos días disfrutan de actividades lúdicas y artísticas unidas por un puente transitable y temporal sobre las aguas del río Guadiana. Está claro que donde hay frontera siempre hubo contrabando.

El mar me espera en esta última parte del viaje. No hay mejor forma de terminar la ruta que frente al mar. Elijo Tavira como fin de trayecto y en menos de una hora de coche me planto allí. Una ciudad que, aunque muy turística, nunca falla. Es preciosa, acogedora, invita al paseo, a recorrer mercadillos, a cruzar el puente sobre el río Gilão al atardecer. Saudade, Saudade.

Tomo el barquito y me lleva serpenteando a la desembocadura en el Parque Natural de Ría Formosa. Todos tenemos un paraíso en mente ¿verdad? bueno, pues este es el mío. Bienvenidos.