De Madriz a Cai.

Paseo en Positivo: de Madriz a Cai.​

Fue una escapada de fin de semana largo. El resultado de sumar a un sábado y un domingo  ese par de días tontos que quedaron pendientes de disfrutar del 2019, y que son una alegría gozarlos en pleno invierno, especialmente en el Sur, donde el frío es menos frío y la guasa más abundante o, al menos, a mí así me lo parece.

El Alvia de Renfe obró el milagro y acercó “Madriz” a  “Cai” en poco más de 4 horas. Durante el viaje el cielo nos acompañó negro, muy negro, y nos hizo temer por nuestro deseado fin de semana largo al sol gaditano. Afortunadamente, y  tras un intenso chaparrón justo a la entrada de la ciudad de Cádiz, salió el sol. Estábamos de enhorabuena, como suele decir mi hermana: “esto nos lo han preparado así para que luego todo brille más”.

Habíamos reservado un precioso apartamento en el centro de la ciudad a través de una empresa gaditana que gestiona alquileres vacacionales (Cadiz4rentals) y la verdad es que todo salió a las mil maravillas. Un apartamento amplio, con su patio con galería, muy cómodo y exquisitamente decorado, se convirtió en nuestro cuartel general, donde descansábamos y comíamos algo de vez en cuando.  En realidad poco. Y digo poco porque era una pena llegar a ese “Cai” y no caer en la tentación de las freidurías, la disyuntiva entre la ración, la media ración o la tapa de guiso, las chacinas, el pescaíto frito en papelón, los adobos….”to” lo bueno, vamos. Y vaya si caímos en “Cai”. Sin extenderme solo diré que desde aquí envío un cordial y lacrimógeno saludo a la “Freiduría de Las Flores” (parada reconstituyente en el paseo, bien a la  hora del aperitivo, de la comida o la cena) el restaurante “La Marmita” (esos raviolis de pringá de berza que necesariamente hubo que repetir) y a los chicos de “Casa Manteca”, en el barrio de La Viña, artistas de los chicharrones finos, chacinas y albóndigas. Pura delicia.

La misma tarde de nuestra llegada disfrutamos de una extraordinaria puesta de sol en el Paseo Marítimo, ese Malecón al que se asoma la catedral. El paseo no podía ser más positivo: sol de atardecer brillante, aire, olas rompiendo contra las piedras del camino que lleva al Castillo de San Sebastián,… un gustazo.

Al día siguiente contratamos por teléfono una visita guiada a pie con Beego tours por el centro de la ciudad. Realmente nos encantó la profesionalidad de Begoña, que es guía turística titulada,  y que por muy poco dinero, nos ofreció un servicio exclusivo para nosotros, con todo tipo de explicaciones, acercándonos de forma amena a la historia y a la realidad actual de la ciudad durante las dos horas que duró la visita.

Gracias a que nuestro hogar temporal se encontraba a corta distancia de la terminal marítima, decidimos tomar el catamarán, cruzar la Bahía y pasar una mañana en El Puerto de Santamaría para acercarnos a comprar unos churros en la churrería de Charo (una mujer de vitalidad extraordinaria) y luego realizar una visita, previamente reservada, a las bodegas Osborne, bodegas emblemáticas, que ofrecen la oportunidad de descubrir algunos de los vinos más extraordinarios del Marco de Jerez: finos, olorosos, palo cortado,… todo un mundo apasionante, desgranado en una visita guiada didáctica, interesante y divertida.

Como ya conocíamos bien el percal, gracias a una visita anterior, nos quedamos a comer allí, en el restaurante y tapería Toro, que aúna un entorno tradicional, como es la bodega Osborne, con una arquitectura de vanguardia y una cocina muy sugerente. En nuestra memoria manteníamos el recuerdo de un delicioso aperitivo a base de ensaladilla rusa, pavía de merluza y oloroso, por lo que decidimos reincidir y no nos equivocamos. Estuvo extraordinario y nos atendieron muy bien.

También nos aventuramos a realizar una escapada en autobús a Sanlúcar de Barrameda, aunque el tiempo de espera del autobús en la solitaria estación de autobuses de Cádiz, así como las innumerables paradas durante el trayecto, bien para recoger nuevos pasajeros, bien para que otros pasajeros se apearan, hicieron que nuestra visita a la ciudad fuera más que breve, sin tener apenas tiempo para pasear. Eso sí, a falta de visita cultural de Sanlúcar, disfrutamos de diferentes sainetes a bordo del autobús que nos entretuvieron de lo lindo. Os dejo algunas perlas que me resultaron simpáticas:

En una parada, un hombre sube al autobús y le dice al chófer que no tiene dinero para pagar y como excusa esgrime que viene del médico. A mí no se me hubiera ocurrido semejante excusa en un millón de años.  Lo cierto es que me recuerda al “cole”, aunque como excusa me parece que tiene poco peso.

De regreso a Cádiz, a las cinco y media de la tarde, una mujer espera en otra parada. A la llegada del autobús le pregunta al chófer si ese es el autobús de las siete, a lo que el chófer le contesta “no señora, este es el de su hora”. Así sin más, inapelable. Y yo me pregunto, si la señora esperaba el autobús de las siete ¿qué hacía a las cinco y media de la tarde en la parada? 

Igual es que todo esto tiene un poco de guasa.

Hasta el próximo paseo.